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«El Pregón no será lírico ni doctrinal, estará en un punto intermedio»


Ignacio del Rey siente responsabilidad y muestra sus ganas porque mañana, cuando suenen las campanas de «Amarguras» al mediodía, se suba al atril del Maestranza para pronunciar el Pregón de la Semana Santa: «Estoy deseando que llegue. Cuando me eligieron sentí una alegría muy grande, la presión la noté cuando te enfrentas al papel en blanco. Al tener ahora el texto, uno está más tranquilo».
-Ya ha manifestado que va a incluir verso en el pregón. ¿Es imprescindible hoy en día?
-No es imprescindible, de hecho ha habido en prosa muy buenos y recordados. Quizá, ahora, cada vez más a ser más difícil entender un pregón en prosa. El gusto de la gente te exige la presencia del verso. Eso ayuda a poner énfasis en ciertas cosas. Cuando me designaron dije que no era un poeta, y se entendió como que no iba a haber verso. Yo con todo el respeto me he acercado al verso en la medida que he podido. Van a ser muy sencillitos, entiendo que dignos, sin grandes pretensiones, pero sí dentro de los códigos del pregón.
-Al haber tantos versos en el Pregón, también se puede caer en el ripio…
-Cuando se dice «Macarena» y «pena», ¿por qué no? Si escuchamos ahora por primera vez a Rodríguez Buzón alguno podría decir que son ripios, y es incontestable. No necesariamente la rima consonante tiene que ser un ripio. Aunque no tengo técnica para utilizar todos los tipos de verso, sí intento evitar cosas que puedan sonar ripiosas.
-Si el verso es casi imprescindible, ¿también lo es ya la música?
-Esa es una de las cosas que me planteé. No voy a innovar pero desandar el camino que han seguido los anteriores pregoneros sentía yo que no tenía derecho a hacerlo. Hay que darle naturalidad. Quizá lo que tocaba era seguir esa senda. Hoy día estamos en la época de la imagen y del mensaje corto. Una pieza de oratoria necesita hitos: el verso, la música… lo que no podemos hacer es circunscribirlo todo a eso.
-¿Qué mensaje espera transmitir?
-El pregón es una carta de amor a las cofradías, una reivindicación del papel de las hermandades, de lo que suponen para el resto de la ciudad.
-De la Semana Santa actual, ¿qué mensaje debe estar dentro del pregón?
-La idea es definir para qué salimos. La importancia que tiene que una cofradía hoy salga a la calle y su sentido. Ahí entra el asunto de seguridad, de coherencia, de autenticidad… problemas de la Semana Santa actual. Las vivencias estereotipadas se pueden crear en una pieza muy bonita pero que a lo mejor no esté arraigada. No hay denuncias expresas.
-¿Qué consejos necesita un pregonero a la hora de escribir el texto?
-Muchos consejos tanto de gente que lo haya dado como que no. El pregonero tendría la obligación de estar cinco o seis meses callado y hablar un día. Lo que tenía que hacer es escuchar. Si sabes escuchar a la ciudad, el pregón lo tienes hecho. Ser humilde y recibir consejos de gente que te cuenta su vivencia. Y técnicamente, gente que haya pasado por el atril cuestiones sobre cómo enfocar las cosas, temas de duración… Mi hermano -Eduardo del Rey- me dijo que disfrutara, y es verdad que si uno se mete en la vorágine puede cogerle distancia y no disfrutarlo, y realmente la previa del pregón es maravillosa.
-¿Qué titulares espera leer el lunes?
-Yo con que la gente esté contenta y con ganas de ver besamanos me doy por satisfecho, porque el pregón no es un fin en sí mismo. Lo he hecho con el corazón y espero que a la gente le guste. No es que no tenga miedo a la crítica, pero me lo quiero tomar con naturalidad. El pregón es de verdad, podrá ser mejor o peor. Mi miedo es a no ser entendido, o que me malentiendan, que a lo mejor la culpa es mía porque no me sé explicar. En Pasión en Sevilla leí un comentario de la noticia de mi nombramiento que decía: «Vaya morcillón ultracatólico que nos van a soltar. Buen día para salir a ver besamanos». Eso fue un golpe de realidad, a mí no me conocen, y ya sé lo que alguien esperaba de mí y me ha ayudado a saber que Sevilla es esto para bien y para mal. Habrá a quien le guste y a quien no. El pregón pasará y el pregonero pasará.
-¿Cómo etiquetaría su pregón?
-No está etiquetado, porque no es un pregón lírico ni tampoco doctrinal. Es un punto intermedio.
-De todo lo que ha vivido en estos meses, ¿se queda con algo en concreto?
-Uno de los momentos que he tenido recientemente ha sido ir al quinario del Buen Fin, con el maravilloso altar que han montado este año. Tuve la posibilidad de ver las fotos a oscuras que hicieron Comas y Rechi, y fue espectacular. Pero la visita previa al centro de estimulación precoz y ver la verdadera dimensión de aquello, en una hermandad que no es de las más grandes, aquello te parece un milagro de Dios.

-¿Cómo es su Semana Santa?
-De calle. Soy de noche. San Juan de la Palma, desde Alcázares hasta que entra, aunque lo de Sor Ángela ha sido para mí un trauma verdadero. Me ha costado mucho trabajo no volcar mis frustraciones en el pregón con eso porque las he vivido de todos los colores y no agradables precisamente. Me enerva, porque mi Semana Santa empieza ahí. Me gusta mucho ver cofradías enteras, las de dimensión más pequeña. Pero ha cambiado mucho. Antes era ansioso, ahora uno selecciona más, pero repito los mismos lugares. No me pierdo Santa Genoveva en la Universidad; el Buen Fin recién salida; San Bernardo de vuelta ya metida por el Barrio de Santa Cruz; La Macarena por la mañana en el entorno de Laraña; El Cachorro por Castilla, la Carretería buscando la Campana…
-Al respecto del asunto de Santa Ángela, ¿nos hemos cargado el invento nosotros mismos?

-Ha sido más la reordenación. Probablemente hayamos dejado de saber andar. El tema de las sillas surge y no hemos sabido darle una solución los propios sevillanos. Pero las medidas de seguridad se hacían frente a los que íbamos a ver los pasos, que es lo que no entendía. Entiendo que las nuevas medidas de seguridad se hacen frente a los que pretenden enturbiar la fiesta. Lo que no entendía era que me prohibieran a mí ver una cofradía en la calle. Calles sin gente… yo he pasado con el Silencio por la calle Daoíz sin nadie. A mí eso como nazareno no me gusta ni lo entiendo. La fiesta hay que preservarla. Vamos a ver, vamos a plastificar la Gioconda para que no se estropee entonces.

PROGRAMACIÓN DEL PREGÓN 2018:

Dia --> 18/03/18:

Ondaluz Sevilla ----> 11:30 h.

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