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«El retablo del Gran Poder en San Lorenzo cambió la idea cerámica»


Martín Carlos Palomo (Sevilla, 1959) acaba de recibir una insignia por sus 50 años como hermano de La Candelaria. Farmacéutico de profesión y estudioso de la cerámica por vocación. No fue casualidad que naciera en la calle Santas Patronas (Santas Justa y Rufina) siendo éstas las patronas de los ceramistas. Fue la persona escogida por «Ocho apellidos catalanes» para asesorarles en materia cofrade y no herir sensibilidades. Si alguien tiene pensado hacerle un homenaje, que le obsequie con un panel de azulejos recordando su veneración a la cerámica
-¿Cómo empezó a estudiar la cerámica cofradiera?
-En 1976 participé con el equipo de mi hermandad de La Candelaria en el concurso cofrade que organizaba Filiberto Mira en el programa «Cruz de Guía». Poco después, gracias a un azulejo del Gran Poder que regalaron a mis padres y que presidía mi casa, me incliné por profundizar en esta faceta de la historia y el arte de nuestras hermandades. En 1985, comencé a fotografiar en diapositivas todos los azulejos que iba conociendo, a indagar sobre sus autores, talleres y fábricas. Gracias al apoyo que me brindó Manuel Jesús Rodríguez Martín, empecé a dar mis primeras proyecciones en hermandades, a publicar en boletines y me llevó al Boletín de las Cofradías de Sevilla, donde mantengo una sección fija mensual desde 1990.
-Es pionero en este asunto…
-No, pero he sido muy constante. Juan Carrero recogió unos primeros datos de manera general, pero debemos al profesor Jesús M. Palomer la primera aportación en la Cuaresma de 1986, con un serial monográfico en las páginas de ABC sobre los retablos cerámicos, continuado un año después en su obra «Ciudad de Retablos». Posteriormente, el profesor Francisco J. Vallecillo realizó su tesis doctoral sobre los retablos cerámicos. Con los dos mantengo buena amistad y colaboración.
-¿Qué ha supuesto su sección en el Boletín de las Cofradías de Sevilla?
-En primer lugar, satisfacción porque todos los directores que se han sucedido en estos treinta años la han mantenido y ello me ha permitido realizar una labor de concienciación, divulgación y defensa de nuestro patrimonio cerámico, no solo devocional, sino artístico en general. Creo que hoy se valora la cerámica mejor dentro de las artes suntuarias de nuestras cofradías, en la línea de la talla, la orfebrería o el bordado.
-¿Quién le acompaña en esta labor?
-En primer lugar, la página web retabloceramico.net, que ha supuesto el salto a internet de la cerámica devocional y hoy es referencia mundial en su faceta. En segundo lugar, la Asociación Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano, de la que soy secretario. La sinergia de ambas está dando muy buenos resultados.
-¿Cuáles han sido las claves de la historia de la cerámica en Sevilla?
-Hubo dos personas decisivas: el ceramista Niculoso Pisano en el siglo XVI y el historiador y arqueólogo José Gestoso a final del XIX. Al primero se debe la técnica «pisana» en la que se plasman las imágenes devocionales en azulejos. Al segundo, la recuperación de los alfares de Triana por sus orientaciones a artesanos e industriales, que permitieron encarar el siglo XX con esplendor, además del auge que experimentaron las cofradías en el siglo XX. Hay que tener en cuenta que en el XIX fueron retirados los retablos históricos (afortunadamente, se salvaron el Nazareno de la O en calle Castilla y la Virgen de los Dolores de la Hermandad Servita). En el siglo XX la práctica totalidad de los retablos devocionales callejeros son de cerámica.
-¿Qué le satisface de esta faceta?
-Me enorgullece cuando amigos y conocidos me llaman o me paran por la calle porque han visto un azulejo o un retablo cerámico. Generalmente, me hacen una foto para ver si lo tengo catalogado o no.
-¿Qué aporta la cerámica a la Semana Santa de Sevilla?
-Muchísimo, ya que es la cuna de los retablos cerámicos y la inmensa mayoría de las hermandades los tienen en las fachadas de sus iglesias. Hasta el siglo XVIII, las representaciones se basaban en imágenes, pero a raíz del siglo XX, y del crecimiento experimentado por la Semana Santa, se aumentó las representaciones en la cerámica. Se ha producido un cambio iconográfico fundamental, ya que se pretende representar a la imagen que recibe culto y un retablo cerámico será mejor cuanto más se asemeje a la talla a la que representa. Ha cambiado el concepto desde que en 1912 el Gran Poder pusiera el retablo cerámico en San Lorenzo. Otra cosa ocurre cuando la hermandad cambia de sede, que puede decidir si dejarlo en donde estaba como recuerdo sentimental o trasladarlo a la nueva sede, algo que también se puede dar por obligación.

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