En 2018 cumplirá 31 años como director de la banda de las Tres Caídas de Triana. Julio Vera acaba de anunciar su retirada del puesto tras acantar la Semana Santa, aunque dice que no dejará de tocar.
-¿Cuándo empezó con la corneta?
-En la banda de la Esperanza de Triana desde su origen en 1980. Empecé con trompeta y Manuel Arellá, de la Policía Armada, estimó que mi instrumento ideal era la corneta.
-¿Recuerda los inicios de las Tres Caídas?
-Fueron duros. Antes de empezar con los instrumentos desfilamos por las cocheras del tranvía con el suelo de tierra. Cuando nos dieron las cornetas y tambores estuvimos en el parque de los Príncipes. Ensayábamos todos los días. Nuestro reto era ir ese primer año con Cristo.
-Y ahora, ¿en qué momento se encuentra?
-En constante evolución. No deja de crecer y asumir retos.
-Es una de las grandes bandas de España. ¿Cuál es su secreto?
-La humildad. El día que la abandonemos, fracasaremos. Tenemos un lema: uno está en la banda por como es y no por cómo toca.
-Anunció que no continuará como director…
-Llevo en la banda desde su fundación. De director, 31 años. Ha llegado el momento de dar un paso al lado, mi edad y compromisos no me permiten estar al día. Jamás seré un obstáculo al crecimiento de la banda que tanto quiero y a la que tanto se le admira. Era el momento ideal. Cedo el testigo pero no dejo de tocar.
-¿Le gustaría ser hermano mayor?
-No tengo ambición por serlo. Tengo que ayudar a mi hermandad y enfocar mis conocimientos dentro de ella. Si me tocara coger el cargo de hermano mayor, lo cogería orgullosísimo, pero tengo claro que no voy a participar de ninguna guerra. Me opongo a que una hermandad sea un partido político.
-¿Qué le responde a los que dicen que de cornetas y tambores sólo quedan ya Centuria y Esencia?
-La gente confunde clasicismo con antiguo. Confundimos que una de cornetas y tambores lleve el título por los instrumentos que lleve y no por la música que toca. Hay bandas con distintos timbres que pueden interpretar el estilo clásico de Sevilla. No desmerecen a aquellas obras que se hicieron para lo que había, no para lo que quería el compositor. Las respeto como bandas hermanas, pero representan un estilo de otra época que lo defienden muy bien. Somos una banda con más instrumentos pero que defendemos la idea original del compositor.
-¿Ha desvariado la música tras los pasos?
-Me da miedo que haya bandas que piensan que por tener un repertorio propio son más que otras que no lo tienen. El éxito está en tener marchas que te identifiquen y que sean dignas.
-¿En qué proporción cree que hay que tocar las marchas clásicas y las nuevas?
-No dejan de ser más clásicas porque sean más actuales, lo hace clásica la forma de interpretar y cómo la reciban. Deja de serlo cuando empezamos a ponérselo complicado al público y a los costaleros. Hay marchas que se componen hoy buscando el aplauso fácil. Soy más de que le llegue a la gente que de hacer algo espectacular que contiene algo falso.
-¿Para cuándo el disco recopilatorio de marchas clásicas?
-Lo teníamos que haber montado este año, pero con la Cuaresma tan corta no se ha podido. Nuestra intención es empezar la antología de la Policía Armada cuando acabe Semana Santa. Incluye marchas desconocidas. Queremos recuperar el archivo de Escámez, Montoya o Zueco.
-Aparte de la suya, ¿cuál es la cofradía con la que más disfruta tocando?
-Ya esperamos las 19:30 en San Juan de la Palma. Es el inicio de nuestro sueño. Una cofradía que es seria pero no «malage». A todas les tenemos cariño. En Montserrat, la banda suena más asentada y acorde a un Viernes Santo tarde. La Lanzada es espectacular.
-¿Qué le dice a esas personas que están más pendientes de la banda que de la imagen?
-Si la música atrae a la gente a nuestra religión, bienvenido. Lo malo es cuando confunden lo que escuchan. Las bandas tienen que saber para que se hacen las marchas. Los músicos debemos enseñar que no están hechas para un espectáculo, sino para la fe.
-¿Por qué cree que en Sevilla pasaron de moda las agrupaciones musicales en pro de las cornetas y tambores?
-Aunque se adopta de Málaga, las bandas de cornetas de las hermandades de Sevilla tuvieron más auge que las agrupaciones. Creo que las de cornetas y tambores hemos ido un paso por delante en admitir los defectos.
-¿Cómo ha vivido lo de las aguas?
-Mal, como hermano y músico. No entiendo que, tras un trabajo magnífico, en un último año de mandato intentemos hacer un proyecto que no era todo lo normal que debía de ser. No se han respetado, desde el primer minuto, los compromisos adquiridos y las formas de acometerlo. Estábamos contentísimos de la línea que había seguido la hermandad y pienso que, por un año, no podemos juzgar un mandato, pero este último tramo ha dejado mucho que desear en decisiones. La banda está dolida por cómo se han hecho las cosas, humillada jamás. Con un café hubiéramos zanjado lo que fuera, pero no comparto jugar con una doble baraja hasta el último minuto.
-Y la banda tocará este Lunes Santo.
-La banda no iba a crear otro problema en la hermandad. Lo que sea después del Lunes Santo, Dios dirá. Seguir era lo más coherente tras ver el último cabildo general.
-¿Qué le parece lo de pagar por tocar?
-Regalos y donaciones ha habido toda la vida, lo que no estoy de acuerdo es cómo se hacen. Estoy en contra de que se abonen cantidades por un capricho.
-¿Lo recordarán como al Brigada Rafaé?
-En mi vida le llegaré a la suela de los talones.
-¿Qué cree que ha aportado usted a la música cofrade?
-Tuve la suerte de ensayar con Arellá, Gaona y Pardo. Nunca aprobaron que cambiara las tesituras de los solos. Gaona sí decía: “Si es innato en él, adelante”. Tuve su apoyo para buscar registros que hasta entonces no se trabajaron. De mi época, Romualdo Puelles, González Ríos, Varela y otros, empezaron a cambiar las tendencias.
-No negará que la banda forma un binomio indisoluble con el misterio.
-Hemos llegado a saber interpretar el ritmo que deben llevar los pies del Señor. Somos la novena trabajadera. Sabemos que necesita el paso en cada momento y el costalero nos transmite sin vernos. Es la conjunción de 38 años.
-¿Quién es la Esperanza?
-Lo más grande de mi casa. Siempre que salga a la calle, bienvenido sea. Mientras más cofradías salgan, mejor. Lo prefiero a un boicot, una huelga o una botellona. Las hermandades desprenden fe, reconocimiento y verdad. Cuantas más cofradías en extraordinaria, mejor. Frente a las nuevas normativas, yo he conocido la Semana Santa sin vallas y no ha pasado nada. Sevilla sabe comportarse.
«Silencio blanco», el antes y el después de Vera»
Es todo un himno de la Semana Santa. Recuerda que fue la cuarta que compuso. «Paco Flores me metió el veneno de la Amargura. El solo no es mío, salió de las palabras que tuvimos el Cristo y yo muchas tardes en San Juan de la Palma. De ese diálogo salió ese intento de saeta que quise transmitir como solo. Es de la que más orgulloso estoy de haber creado». Destaca otras marchas que han marcado a la banda como: «Bulería en San Román», «Al Cielo el Rey de Triana», «La Pasión», «La Fe» o «Caridad». Entre sus momentos de la Semana Santa están la salida Amargura, toda la Madrugada y la entrada de la Trinidad. «Recuerdo al López pidiéndome entrar con ‘Silencio Blanco’».



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