La escena de la película «El mundo es nuestro» en el que se produce un enfrentamiento entre los cofrades y las fuerzas de seguridad a cuenta de por dónde tiene que ir una cofradía y la soberanía de éstas a la hora de decidir sus recorridos es un símbolo de una pugna que siempre ha existido para ver quién tiene el poder en la Semana Santa de Sevilla.
Hasta hace unos años, la autoridad civil se limitaba a dar cobertura a lo que necesitaran las cofradías, sin casi ninguna intervención. Sin embargo, la alerta constante por el contexto actual europeo, con atentados en zonas masificadas y, concretamente en Sevilla, por lasavalanchas producidas por la psicosis colectiva en la Madrugada, han dado carta blanca a las fuerzas de seguridad a cambiar cuanto sea necesario. Este nuevo escenario intervencionista, donde la presencia policial no se limita sólo a controlar sino también a actuar, ha causado también fricciones con las cofradías y ha abierto el debate sobre si debe o no haber algún límite en la aplicación de medidas de seguridad de forma que no alteren la forma de vivir tradicional la Semana Santa.
El último de estos episodios ha tenido como protagonista a la hermandad del Cristo de Burgos. Ya el año pasado, la junta de gobierno se quejó de forma pública de que en su transitar por el lado derecho de su plaza se encontraban unos puestos de venta ambulante que entorpecían el paso a la hermandad y restaban recogimiento. Este año, el Cecop instó a las hermandades que pasan por ese emplazamiento a escoger uno de los dos lados, de forma que en el contrario, se instalaran todos los puestos. Si bien la mayoría de las cofradías transita por el opuesto por el que discurre el Cristo de Burgos, ésta argumentó por medio de su hermano mayor, José Antonio Manzano, en una reunión con el Cecop y sus homólogos en el resto de cofradías, que por esa zona lleva pasando su hermandad siempre. «Si ese lugar tiene importancia para alguien es para el Cristo de Burgos, para las demás es una calle más. Para nosotros es nuestro barrio. Pude convencer a Rafael Pérez (director del Cecop) de que las hermandades pudieran pasar por ambos lados, pero no de que retiraran los puestos de venta ambulante», señaló Manzano, que no se explica cómo una plaza «con esta importancia y de especial catalogación» puede tener esos puestos instalados. El hermano mayor lamenta la «falta de solidaridad» en el resto de hermandades.
La Hiniesta y su queja
Curiosamente, hace unos años, la queja de la hermandad de la Hiniesta sirvió como ejemplo de la falta de seguridad que existía hasta entonces. La cofradía tuvo que cruzar en 2015 desde Francos a la Plaza del Pan sin que el público permitiera el paso por la masificación. Tanto fue así que los propios costaleros abrieron un pasillo para permitir el paso a los nazarenos, lo que provocó una queja tanto de la hermandad como del Consejo de Cofradías. Eso provocó que, tras un cambio de gobierno municipal, justo en esa zona se aplicara un aforamiento desmedido el propio Domingo de Ramos que causó enérgicas críticas de los cofrades y las propias hermandades ya que alejaban al público de éstas.
Aunque continúa aforándose con especial celo la Cuesta del Rosario -además del Postigo y la Cuesta del Bacalao-, estas vallas ya no se sitúan tan alejadas del paso de la cofradía aunque sí se han creado pasillos expeditos de público como vías de evacuación.
El Calvario en Monsalves
Esta nueva realidad que se está viviendo en la Semana Santa ha tenido recientemente otro episodio de fricción con el Calvario. Esta hermandad, en su nuevo recorrido a la Carrera Oficial, pretendía pasar por Monsalves, algo que desaconsejaban la hermandad del Silencio y el Consejo por el posible tapón que podía formarse. Sin embargo, no ha sido hasta que el Cecop ha intervenido cuando se ha desbloqueado el asunto. La falta de seguridad por la presencia de losbolardos en Monsalves ha convencido a la junta de gobierno del Calvario para cambiar el recorrido previsto y hacerlo por la plaza del Museo.
A todos estos episodios se le suma la eterna demanda de la Amargura para que no le aforen la calle Santa Ángela de la Cruz al paso de la cofradía, que incluso motivó un comunicado que alertaba de que estas medidas de seguridad impiden cumplir con uno de los fines fundamentales por el que salen las cofradías: acercarse al pueblo para dar público testimonio de fe.




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