Tiene aún hechuras de costalero. A sus 78 años está fuerte. Se retiró en 2013 después de 60 años debajo de los pasos, dejando huérfano el zanco de la Quinta Angustia del que fue su dueño durante medio siglo y que ahora tiene en su casa. Manolín Mercadotiene en su casa de Torreblanca recuerdos de toda una vida, fotografías en blanco y negro, homenajes e incluso la partitura de una marcha que le acaba de dedicar la banda del Cristo de la Sangre.
Ha vivido las cuadrillas profesionales, con los capataces míticos, y la transición a los hermanos costaleros: «He vivido las dos épocas. Porque yo cuando se retiró mi compadre Luis, me fui con el Moreno. Cuando se murieron él y Domingo Rojas, me fui con los hermanos. Salí con cuadrillas de hermanos en el Baratillo, Soledad de San Buenaventura, en los Gitanos y en la Quinta Angustia. He vivido bien ambas etapas, pero había más compañerismo en la primera». Aquí en Torreblanca, hemos ido con mi compadre Rechi, con el Moreno, Manolo Bejarano… Había al menos 30 costaleros fuera de serie, trabajando, llevaban a su casa, se duchaban, y a la siguiente. Con las cuadrillas de hermanos, en el Baratillo he tenido muy buenos costaleros. Pero también ahora, en la levantá, hay quien se cree que el paso es suyo y lo quiere levantar él solo. Hay menos espíritu de sacrificio, porque no se llevan ni un cuarto de hora debajo del paso y ya se están cambiando, y nosotros para salirnos teníamos que pedírselo a un compañero. Hoy van más veces por fuera que por dentro y no da tiempo a quemarte. No hace ni ropa».
Su mujer cuenta que un año llevó a sus hijas a ver a su padre, que sacaba San Benito. «Salió del paso y chorreaba sangre. Se le había abierto el cuello. No lloraban nada… Y les dije, pues esto es lo que hay», cuenta, mientras enseña orgullosa las dedicatorias que están repartidas por toda la casa de su marido, que son para ellos como condecoraciones militares.
-Pero Manolín, ¿se ganaba dinero debajo de los pasos?
-Yo perdía dinero, ganaba más en el mercado que en las cofradías. El último jornal que gané en Santa Marta fueron diez mil pesetas. Antes hemos llegado a cobrar 500, 600 pesetas… Eso lo ganaba yo en el mercado en media hora. Yo me metí ahí porque lo hicieron mi abuelo, mi padre, mi tío… a mis hermanos los metí yo, a mis sobrinos los del Polvero Reyes. Yo nací en la calle Gerona y por ahí pasaba los Caballos. Mi padre lo sacó toda la vida. Me cogía y me subía en lo alto de la trabajadera con siete años.Y en la Encarnación iba mi madre a recogerme. Eso hoy no se ve.
-¿Y cuál es su secreto para aguantar tantos años?
-Estar bueno y gustarte. De Santa Marta me retiré con 66 años, con lo que pega un zanco de esos… El Gómez, el que lleva ahora el palio de la Carretería, iba en un zanco y yo en otro. Un chaval joven y en el otro lado un puretilla, no quiero que me llamen viejo. Una retirada a tiempo es una victoria, y ya estaba renqueante de la rodilla, me tuve que poner una prótesis, de los kilos que he cogido y del trabajo que tenía yo, que me jubilé también con 73 años. Me he llevado 60 años debajo de los pasos y he sacado… por lo menos 35. Sacaba ocho cofradías a la semana, incluso un año llegué a sacar nueve, porque entonces iba en el Baratillo y le dije a mi compadre Luis: ‘Ya sabes lo que estoy esperando…’ Y me salí en la Magdalena y cogí camino para la Alameda. Igualé en la Lanzada y la saqué también. Entonces era uno joven, hacía uno así con el paso y se iba a ir ‘enseguía’. Hoy, se va el paso y me voy yo.
Entre los costaleros siempre se ha debatido si un paso pesa más que otro… «La Lanzada era uno de los pasos que más jabón me dio. De vuelta por Sierpes, en una de las levantás, dijo el Rojas: ‘Ahí queó’. Yo venía destrozado, me tiré al suelo con los pies por fuera del paso e hizo Domingo, ‘pum’, se cae. El Bocapato llevaba una dentadura postiza y se le cayó. Si lo vieras buscando la dentadura. El batacazo que pegó».
Y entre las calles, para Manolín Mercado, Sierpes era «horrorosa para los corrientes». Y entre las más duras, la calle Feria: «No he pasado yo nada con el Herodes. Menos mal que no pasa por ahí de vuelta, si no no entraba…»
Se retiró en 2013. Entonces tenía 73 años y sacaba la Quinta Angustia. Entre las anécdotas que recuerda, cuenta con emoción dos. La primera, un año que sacaba el misterio de Montserrat: «Llegando a la calle Sierpes empezó a llover, y no veas cómo llegamos para atrás. Nos íbamos resbalando del agua que estaba cayendo». La otra anécdota que cuenta ocurrió en Triana: «El año que fue la única hermandad que salió en la Madrugada. Empezó a llover y nos tuvimos que quedar en la Catedral. Dormimos allí en el suelo, chorreando, empezó a abrirse la puerta de Palos y entró un sol… Me dije: ‘Ofú, la que se va a liar en Sevilla’. No se cabía en la plaza Virgen de los Reyes. No formamos nada en Sevilla, entramos a las cinco de la tarde».
Todavía tiene el veneno metido dentro, pero sabe que no debe por la rodilla. Ahora, va poco a la Semana Santa, la ve por la televisión. Es un veterano de una guerra que ha lidiado durante más de medio siglo contra el peso del Señor. Está en la reserva pero le queda el recuerdo. Se llama Manuel Mercado Masagosa, costalero de leyenda.
Enlace Del Video --> Protagonistas



Comentarios
Publicar un comentario