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Montserrat y su feligresía de la Magdalena


La Hermandad de Montserrat, aunque a veces parte de la Sevilla cofrade lo ignore, es una de las corporaciones más importantes de la ciudad. Sus 417 años de historia, el valor del Cristo de la Conversión y de la Virgen de Montserrat, la idiosincrasia de la cofradía y sus más de tres siglos y medio de permanencia en la feligresía de la Magdalena lo avalan. Fundada en la parroquia de San Ildefonso, la hermandad del Viernes Santo llegó a la collación de San Pabloen 1650 para afincarse en dicha ubicación hasta nuestros días.
Montserrat fue parte durante casi tres siglos de un espacio, de un rincón precioso que Sevilla perdió a finales de los años 30 del siglo XX: el compás de San Pablo. Allí, la hermandad quedó dormida unos setenta años y, posteriormente, fue revitalizada por los duques de Montpensier. En 1939 recuperó una capilla, su actual sede, que tuvo gran relevancia en la Semana Santa de Sevilla de otro tiempo. La señera cofradía del Viernes Santo se ubica, nunca sabremos si de forma definitiva, en la antigua capilla de la extinguida Hermandad de la Antigua y Siete Dolores.
Nace en San Ildefonso
Las primeras reglas de Montserrat datan de 1601, cuando un grupo de fieles transforma una hermandad de gloria que rendía culto a la Virgen de Montserrat en una corporación penitencial. “La sede de origen de Montserrat es la parroquia de San Ildefonso, donde había una hermandad de luz que se transforma en penitencial en 1601”, narra Francisco Yoldi, hermano mayor de la hermandad. En la parroquia de San Ildefonso perdura hasta 1650, cuando se traslada a la Magdalena.

En ese momento, Montserrat se ubica en una capilla que se encontraba frente a la puerta lateral de la parroquia de la Magdalena. Es decir, en el antiguo compás de San Pablo. En dicha capilla es en la que permanece durante más tiempo, casi tres siglos. “El gremio de mercaderes de lienzos le ofrece a la hermandad la posibilidad de contribuir económicamente al mantenimiento de la corporación. Toda la actividad estaba sustentada por los mercaderes”, cuenta Yoldi. De esta forma, el mencionado gremio se hace con el control de la corporación. Posteriormente, bien avanzado el siglo XVIII, la hermandad entra en decadencia con la Ilustración y vive unos setenta años de letargo. Durante ese tiempo, la capilla permanece cerrada: “El gremio de mercaderes de lienzos le echa el cerrojo y punto”.
Reluce en el antiguo compás de San Pablo
La revitalización de la hermandad se produce a partir de 1850, cuando nuevos hermanos y, especialmente, los duques de Montpensier le dieron un impulso definitivo a Montserrat. Al estar la capilla cerrada al culto, el Cristo de la Conversión se encontraba en la iglesia de San Alberto, de la que fue trasladado de forma privada el 8 de febrero de 1851. El 20 de marzo del citado año, se celebró el primer quinario en honor al crucificado de Juan de Mesa. Un mes más tarde, el 19 de abril, la cofradía de Montserrat realizó estación de penitencia en la tarde del Viernes Santo, jornada a la que pertenece desde 1602, después de ochenta y siete años sin hacerlo.
Una vez reanimada la vida de hermandad, el gremio de mercaderes de lienzos interpuso una demanda por la propiedad de la capilla. El litigio fue ganado por la corporación, dejando atrás la etapa más negra de su historia.

En la coqueta capilla que se encontraba en la desaparecida calle Magdalena, la Hermandad de Montserrat permaneció hasta el 3 de abril de 1938, cuando su sede fue derribada junto al resto del compás. “El compás de San Pablo era una fila de viviendas, en el que se encontraba la capilla de Montserrat, que se ubicaba justo en medio de la calle San Pablo. Es decir, justo delante de la parroquia de la Magdalena. Tras la guerra civil, el gobierno plantea la transformación de la zona. Entonces, expropia todo el compás”, recuerda Yoldi. De esa capilla, la corporación conserva el retablo mayor y la barandilla del coro.
En principio, la hermandad se trasladó al interior de la parroquia de la Magdalena. Sólo un año después de perder su capilla, el 19 de marzo de 1939, Montserrat se alojó en su actual sede: la capilla de la extinguida Hermandad de la Antigua y Siete Dolores. Un espacio que fue durante muchos años un almacén de Hacienda. “Con la desamortización de Mendizábal, el inmueble fue expropiado y pertenecía al gobierno. Es decir, la capilla estaba desacralizada, era un almacén”, detalla Yoldi.
Restauración de la capilla
La Hermandad de Montserrat disfruta desde hace unos meses de una casa hermandad, que se encuentra anexa a la capilla, mucha más amplia y funcional gracias a una restauración. Desde el punto de vista patrimonial, la corporación ha recuperado un muro del siglo XVIII anexo a la capilla que estaba tapiado por la antigua casa del capiller. Así lo explica Juan Luis Sánchez Rebolloarquitecto técnico de la obra: “Hemos recuperado el muro original de la capilla con sus ventanales. Es un muro del siglo XVIII que se ha intentado respetar lo máximo posible para intentar dejar el paso de los años; se ven los huecos y el sufrimiento que ha tenido”.


Además, la recuperación del muro ha posibilitado que los hermanos de Montserrat tengan el privilegio de disfrutar del mejor lugar posible para visualizar la espadaña de la parroquia de la Magdalena. “Con la recuperación del muro, se ha subido un poco la cubierta, por lo que tenemos un poco de más altura y se puede apreciar mucho mejor la espadaña de la parroquia. Es casi el único punto de la ciudad desde donde se puede ver completa”, asegura Sánchez Rebollo.
El paso del tiempo ha demostrado el cariño, la fidelidad y el arraigo que la Hermandad de Montserrat le tiene a la feligresía de la Magdalena. A pesar de las vicisitudes, la corporación del Viernes Santo logró echar raíces en la collación de San Pablo. Hoy, 417 años después de su fundación, Montserrat no se entendería sin la Magdalena ni la feligresía sin la hermandad.

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