A las 14.12 horas de la tarde, tras una hora y cuarenta minutos, el pregonero de la Semana Santa de Sevilla entonaba el tradicional «he dicho» que ponía el punto y final a un pregón marcado por un original hilo conductor. Ignacio del Rey, en su alocución en el Maestranza, relató la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo según los misterios de la Semana Santa de Sevilla, entre los que intercaló numerosos mensajes de actualidad, así como vivencias y anécdotas, que levantaron algunas carcajadas y ovaciones, destacando dos pasajes concretos: cuando intercaló la música con su voz al sonar «Suspiros de España» con un romance ala Macarena o cuando llamó a los sevillanos a recuperar la Madrugada tras las avalanchas.
El pregonero reconoció en las postrimerías del Domingo de Pasión que había tenido que recortar el texto y, realmente, apenas le sobraron diez minutos que en ningún caso se hicieron largos. El pregón tuvo su cénit en el ecuador, justo cuando terminó la parte dedicada a la Macarena, tras sonar «Suspiros de España», cuando Cristo es sentenciado a muerte, dando paso al camino de la cruz, primero con Jesús Nazareno y conectando con la Madrugada. A partir de ahí, el pregón se volvió más íntimo.
Comenzó con una llamada a los sevillanos. «¿A quién buscáis?», desde el friki que no para de consultar la web de Aemet, e invitó a salir a buscar a Dios en las calles. A partir de ahí, el pregón tuvo siempre un orden cronológico según los misterios de la Pasión, el evangelio de Ignacio del Rey. Tras el hossanna al Señor y los niños «que sueñan con el comienzo», adaptó de foma magistral la oración del «Alma de Cristo» con cristos de Sevilla. Hizo una defensa de las vísperas, de las que dijo que «son hermandades de realidad» y afirmó: «Dicen que están lejos del Centro, cuando realmente lo que tienen muy claro es cuál es el centro».
Los misterios de tribunal. Primero, Jesús ante Anás y mensaje a los sayones que son incapaces de entender la labor de las cofradías:«Somos formación, asistencia y amor». Así, destacó la asistencia social de las hermandades y, tras recordar algunos ejemplos, concluyó:«Y luego dicen que las cofradías estorbamos en la calle». Aquí, lanzó una proclama para defender que «hoy más que nunca es imprescindible nuestra presencia en las calles».
Ignacio del Rey es un cofrade que conoce bien el interior de las hermandades, de donde es y ha sido miembro de junta. Por eso se metió al público en el bolsillo cuando, jocosamente, recordó cuando un hermano mayor llama a un hermano para ir en su candidatura:«No te preocupes, que estos son dos ratos a la semana». Pero, realmente, «dos tardes es lo que termina yendo uno a su casa», levantando las risas del auditorio. Llamó a participar en la Semana Santa a los sevillanos y a los foráneos, «pero respeta mi fe», dijo.
Llegaba el primer romance extenso: a las hermandades de Triana, de San Gonzalo a la Esperanza, que fue muy aplaudido. Destacaron los versos «Por eso es claro y seguro/ que el color de la esperanza/ en Triana no es el verde:/ es el que está en su mirada,/ el del manto de la noche,/ la sombra que vence al alba».
Habló de la Amargura en Sor Ángela y de la Virgen de la Victoria, «coronada por estrellas», y contó una anécdota, paradigma de quienes aman a las hermandades. Era la historia de un hombre, mayordomo de San Benito que, para poder venir a Sevilla desde Madrid para llegar a tiempo el Martes Santo, se metió en el vagón de los presos camino del penal del Puerto. «Como un preso más, esposado y bajo custodia (…) Esa es nuestra verdad».
Y llegaban los suspiros. Cuando empezó a hablar de la Esperanza, la banda comenzó el pasodoble que sonó para la Macarena en la Plaza de España en 2014. El pregonero adaptó la letra de Pasión Vega: «Quiso Dios, con su poder,/ fundir cuatro rayitos de sol/ y hacer con ellos una mujer./ Y al cumplir su voluntad,/ la Esperanza floreció/ como flor en el rosal». Era la «música que suspira por ti, Macarena». Cuadró perfecto con la banda, tanto que al terminar se asomó al foso para aplaudir la interpretación.
Suspiró él, y siguió con la Macarena: «Esperanza de mis padres,/ Esperanza siempre nueva:/ la de mi abuela Esperanza,/ la de mis hijos, la nuestra./ No nos dejes de tu mano,/ Esperanza Macarena».
Llegaba el ecuador del Pregón de la Semana Santa. Comenzaba el vía crucis, el camino de la cruz. Primero, con Jesús Nazareno. Homenaje a su hermandad del Silencio: «¡Gloria a los nazarenos de todas las cofradías de Sevilla! (…) ¡Gloria eterna a los primitivos nazarenos de Sevilla». Aquí conectó con el pasaje de la Madrugada y su llamamiento «a defender un tesoro que es de todos y no pertenece a nadie», y terminando: «¡Sevillano, toma las calles, que el Señor sale a buscarte, y has de encontrarte con él!». Y sonó la mayor ovación del teatro.
Llegaba el ecuador del Pregón de la Semana Santa. Comenzaba el vía crucis, el camino de la cruz. Primero, con Jesús Nazareno. Homenaje a su hermandad del Silencio: «¡Gloria a los nazarenos de todas las cofradías de Sevilla! (…) ¡Gloria eterna a los primitivos nazarenos de Sevilla». Aquí conectó con el pasaje de la Madrugada y su llamamiento «a defender un tesoro que es de todos y no pertenece a nadie», y terminando: «¡Sevillano, toma las calles, que el Señor sale a buscarte, y has de encontrarte con él!». Y sonó la mayor ovación del teatro.
En la Madrugada, sus hijas: «Porque de la madrugada/ sale el nombre de mis hijas»: Macarena, María y Concepción. Continuó con el Gran Poder, acordándose de aquella mañana de noviembre en la que «el sol se encontró con Él en el abrazo de su espalda».
Llegaba el final. Sevilla es un calvario. Fue entonces cuando defendió al Martes Santo: «cofradías audaces, que viven en el hoy, actualizando el mensaje. Porque lo mires como lo mires, al derecho y al revés, yo creo en el Martes Santo, en el día de la Fe».
Antes de la Resurrección, dedicó un pasaje muy emotivo a su hermandad universitaria, y con el hilo conductor «Yo soy de los Estudiantes», levantaba el puño para dejar ver en su muñeca la pulsera que incluía el mensaje.

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