Caída la tarde en este segundo domingo de la Cuaresma. En la puerta de San Gregorio se anunciaba la suspensión de la eucaristía de las 20.30 horas, al celebrarse uno de los vía crucis más imprescindibles e impactantes, el del Cristo Yacente del Santo Entierro.
El entierro del Señor por las calles del casco antiguo. Se abrían las puertas del templo a las ocho de la tarde. Los hermanos, con sus mejores galas, acompañaban a Cristo con sus mejores galas, con la vista puesta al frente, sin mirarlo, pero lo sentían. Por otro lado, un nutrido grupo de mujeres se colocaban en la trasera, tras el sacerdote, encargado de leer las estaciones, como si se tratase del propio duelo de María por la pérdida de su Hijo.
Cuatro servidores dan luz al Cristo Yacente, pareciendo una escena de otro siglo, de otro tiempo, por la cercanía de una imagen a los fieles, por cómo realizan este culto externo, que volvió a visitar a la hermandad del Museo, en el cierre del Año de Murillo, para posteriormente acceder a San Antonio Abad, un templo en penumbra, iluminado tan sólo por la cera de los hermanos del Santo Entierro y los altares. Otro acto esencial de la Cuaresma para cerrar la segunda semana de la Cuaresma.
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